Lunes. 09:15. Manolo entra con cara de un gurú de autoayuda y me espero lo peor...
—Jose, esta gente no se motiva sola.
—¿Qué gente?
—La mía. Si no estoy encima, no hacen nada.
—¿Y eso cómo lo sabes?
—La semana pasada me fui dos días a una formación y nadie había avanzado nada.
—¿Y les habías dicho qué tenían que avanzar?
—Bueno… genérico. Que avanzaran.
—Manolo, "que avanzaran" no es un encargo. Tú desde luego no te pareces a Gerard Butler en "300".
—Es que esta generación no tiene compromiso. Quieren cobrar sin esforzarse.
Ahí está. La teoría. La que Manolo no sabe que esa teoría se esta repitiendo desde 1960, no ha llegado con los millenials.
Douglas McGregor lo describió en The Human Side of Enterprise.
La llamó Teoría X: la hipótesis silenciosa de que la gente es vaga por naturaleza, evita el trabajo y solo se mueve por miedo o por dinero. Frente a ella, la Teoría Y: la gente quiere hacer un buen trabajo si le das contexto, autonomía y propósito. Manolo lleva quince años siendo Teoría X sin saberlo. Y como toda profecía autocumplida, lleva quince años recolectando evidencia de que tenía razón.
—Manolo, ¿tú crees que la gente es vaga por naturaleza?
—No, no. Pero la que tengo yo, sí.
—Has gestionado cuatro equipos distintos en doce años. ¿Y siempre te tocan los que "no funcionan"?
—Será mala suerte.
—No, Manolo. Hay única constante. Eres tú.
—José, siempre vas al cuello, joder.
—¿Te acuerdas de Sergio? El que decía que "no daba el nivel".
—Se fue hace dos años.
—Es Head of Engineering en una scaleup. El año pasado le dieron el premio interno al mejor manager.
Silencio.
—¿Y Cristina? La que "no encajaba culturalmente".
—Esa también se fue.
—Directora de Operaciones en una multinacional. Acaban de hacerla vicepresidenta regional.
—Son excepciones.
—¿Dos de dos son excepciones, Manolo? ¿O es que lo que tú llamabas "no dar el nivel" significaba, en realidad, "no rendir conmigo"? Y eso, te lo digo en serio, no es defecto de Sergio. Es defecto del manager que confundió ambas cosas.
—Es que conmigo no rendían.
—Exactamente. Contigo. Esa es la palabra clave que llevas doce años sin oír.
—¿Y qué hago entonces? ¿Dejo que cada uno haga lo que quiera?
—No. Teoría Y no es anarquía. Es asumir que la gente quiere hacer las cosas bien si les das contexto. Objetivos claros, criterios, los porqués. Y luego desaparece. La primera vez que alguien tome una decisión sin ti, no le preguntes "¿quién te ha autorizado?". Pregúntale "¿cómo ha ido?".
—¿Y si se equivocan?
—Se van a equivocar. Igual que te equivocas tú. La diferencia es que cuando tú te equivocas, lo llamas "decisión difícil en contexto incierto". Cuando se equivoca tu equipo, lo llamas "falta de criterio". Esa asimetría es lo que les mata.
—¿Entonces es culpa mía?
—No es culpa. Es responsabilidad. La culpa es lo que cargas con vergüenza. La responsabilidad es lo que asumes para cambiar las cosas.
Se queda mirando el cuaderno y empieza a darle vueltas al Mont Blanc que le regalamos por sus 25 años de servicio.
—Voy a pensarlo.
—Piénsalo así, Manolo: lo que llevas años llamando "el problema de mi equipo" se llama, en realidad, "mi estilo de gestión". Y eso, a diferencia de la gente, sí lo puedes cambiar.
Se va.
Y yo sé que el viernes, cuando alguien tome una decisión sin consultarle, Manolo dirá "hay que avisar antes de hacer cambios". Por costumbre. Por miedo. Por inercia.
Y dentro de dos años, cuando Pablo lidere un equipo de cuarenta personas en otra empresa, cuando Laura sea Head of Operations en una scaleup, y cuando Marta acabe siendo la responsable de seguridad de un grupo internacional, Manolo dirá lo de siempre: "qué raro, conmigo no daban el nivel".
Y nunca, jamás, se hará la única pregunta que importa: si todos los que se van de mi equipo florecen en otro sitio, ¿qué dice eso de ellos… o qué dice eso de mí?
Porque Manolo no es Teoría X por ideología. Es Teoría X por hábito. Y los hábitos, en management, son la forma más cara de identidad que existe. Te definen sin que te enteres. Y construyen exactamente el equipo que ya esperabas tener.
Profecía autocumplida. Cobrada en talento perdido.
Y siempre, siempre, en la empresa de otro.
Gracias por leerme.
Aprovecho para desearos que tengáis salud, amor y familia.
El resto, no importa tanto… creedme.
