(o por qué Manolo confunde movimiento con progreso)
Martes. 08:47. Manolo llega antes que nadie. Lo sé porque me ha mandado un email a las 06:12. Y un Slack a las 07:38. Y ha comentado tres tickets de Jira antes de las 08:00.
Cuando entro, ya está en su segunda reunión.
—Jose, ¿has visto el deck que te mandé anoche?
—Manolo, son 47 slides.
—Sí, lo hice después de la cena. Estuve hasta las once.
Lo dice con orgullo. Como el que te enseña una herida de guerra. Mira, sacrificio. Mira, compromiso. Mira, cuarenta y siete slides que nadie va a leer.
Manolo tiene la agenda llena. Siempre. De lunes a viernes, bloques de 30 minutos sin respiro. Si le preguntas cómo está, la respuesta es siempre la misma:
—Liadísimo.
Y lo dice como si fuera un logro. Como si estar "liadísimo" fuera sinónimo de ser valioso. De aportar. De importar.
Pero yo llevo diez años sentado a dos metros de Manolo. Y he observado algo.
Manolo no decide. Manolo convoca reuniones para decidir. Y en la reunión se decide que se necesita más información. Y se convoca otra reunión. Y en esa reunión se decide formar un comité. Y el comité se reúne. Y pide un deck. Y Manolo lo hace. Hasta las once. Con 47 slides.
Y nada cambia.
Melvil Dewey inventó el sistema decimal para organizar bibliotecas en 1876. Pero antes de Dewey hubo bibliotecarios que estaban ocupadísimos. Movían libros de un sitio a otro. Los apilaban. Los recolocaban. Los contaban. Actividad constante. Movimiento perpetuo.
Ningún libro llegaba al lector correcto más rápido.
Manolo es un bibliotecario pre-Dewey con acceso a Slack.
Nassim Taleb lo llama "intervención ingenua": la compulsión de hacer algo, lo que sea, para justificar tu existencia en el sistema. El médico que receta porque no recetar parece negligente. El gestor que convoca porque no convocar parece ausente. El CEO que reestructura porque no reestructurar parece pasivo.
Cada intervención tiene un coste. Pero el coste de la no-intervención es invisible. No sale en ningún dashboard. Nadie te felicita por la reunión que no convocaste. Nadie te da un bonus por el deck que no hiciste. Nadie te asciende por haber dejado al equipo trabajar en paz.
—Jose, este trimestre he tenido 340 reuniones.
—¿Y cuántas decisiones has tomado?
Silencio.
—Manolo, no te pregunto cuántas reuniones has tenido. Te pregunto cuántas cosas han cambiado en la empresa por algo que tú hiciste.
Más silencio.
Peter Drucker lo dijo hace setenta años: no hay nada tan inútil como hacer con gran eficiencia algo que no debería hacerse en absoluto.
Pero Manolo no ha leído a Drucker. Manolo ha leído el subject de un email que hablaba de Drucker, lo ha reenviado con un "interesante, léelo cuando puedas", y ha seguido con su siguiente reunión.
El problema de Manolo no es que sea vago. Es exactamente lo contrario. Manolo es la persona más trabajadora de la empresa. Y eso es lo peligroso. Porque nadie cuestiona al que trabaja mucho. Se cuestiona al que falta, al que llega tarde, al que dice que no. Nunca al que está en todas las reuniones, responde todos los emails y hace decks de 47 slides un martes a las once de la noche.
El hombre que trabaja demasiado es el empleado perfecto en una empresa que mide esfuerzo en vez de impacto. Y la mayoría de empresas miden esfuerzo. Porque medir impacto es difícil, incómodo y obliga a tener conversaciones que nadie quiere tener.
—Jose, creo que el equipo necesita más ownership.
—Manolo, el equipo tenía ownership. Lo perdió cuando empezaste a estar en todos sus standups.
Hay un concepto en ecología que se llama "especie ingeniera": organismos que modifican físicamente el entorno. Los castores construyen presas, los corales crean arrecifes. Transforman el ecosistema.
Y luego hay organismos que simplemente ocupan espacio. Consumen recursos. Se mueven mucho. Parecen importantes porque son visibles. Pero si los quitas, el ecosistema no cambia.
A veces mejora....
Manolo es un organismo muy visible en el ecosistema.
—Jose, me voy. Tengo una call en cinco minutos.
—¿De qué?
—De seguimiento.
—¿De qué?
—Del plan que definimos el mes pasado.
—¿Ha cambiado algo desde la última call de seguimiento?
—No, pero hay que hacer seguimiento.
—Manolo, hacer seguimiento de algo que no se mueve no es gestión. Es vigilancia.
Manolo ya no escucha. Está caminando hacia la sala de reuniones. Portátil en una mano. Café en la otra. Calendario lleno. Sensación de propósito.
A las 23:00 me llegará otro deck.
48 slides esta vez.
Gracias por leerme.
