Lunes. 08:42. Entro al parking de la oficina y me encuentro el coche de Manolo… aparcado literalmente en la plaza más cercana a la puerta, en una especie de diagonal, ocupando casi una plaza más, como si el tío hubiera aterrizado ahí con un helicóptero.
Yo aparco al fondo SIEMPRE, donde cristo perdió el gorro.
Porque me gusta empezar el día con cardio emocional y por algo que te voy a contar ahora...
En la puerta me lo cruzo.
—¿Has visto qué bien he aparcado hoy, Jose? Primera fila. Como los campeones.
—Sí, Manolo. Como las hipotecas a tipo variable en 2007: cómodas hoy y dolorosas mañana.
Me mira raro, como si intuyera que le acabo de llamar responsable de la crisis subprime. Pero sigue.
—Tío, si llego el primero, aparco cerca. Así se nota quien madruga, quien llega antes, joder. ¡La cultura del esfuerzo!
Y aquí es cuando decido explicarle que Japón existe. Pero no el Japón de los animes, sino el Japón de las personas adultas que saben convivir.
Le cuento una regla no escrita: que quienes llegan más temprano aparcan más lejos para facilitar la vida al resto.
El omoiyari.
Es un mecanismo evolutivo muy simple: Si hoy puedes hacer un pequeño esfuerzo para no joderle la vida al que viene detrás, lo haces.
No porque seas buena persona. Sino porque entiendes que somos un sistema.
Y un sistema en el que todos maximizan su comodidad o performance individual, acaba con la cultura de una empresa. No hay empatía.
Manolo abre los ojos como si hubiera escuchado por primera vez la palabra “empatía” sin ir seguida de “en formato KPI”.
—Pero eso es perder el tiempo, Jose.
—No, Manolo. Eso es entender que no todo va de ti.
Y aquí viene la parte divertida, el tío me sigue hasta el ascensor, dándole vueltas al tema, me da miedo que le de un ictus, si pone todas sus neuronas a pensar. Esas cosas pasan....
—Pero si yo cedo el sitio… ¿qué gano yo?
—Ganas algo que no se compra ni con stock options, que la gente trabaje contigo porque quiere, no porque le toca, es imperceptible, pero compone...
Y un día, cuando tú necesites algo, alguien hará lo mismo por ti. Porque tú empezaste el ciclo.
Esto va asi, Manolín.
Manolo me efrunce el ceño. Es su cara de “esto suena al rollo humanista de Jose, así que seguro es caro”.
—Jose, pero en la empresa no podemos ir cada uno aparcando simbologías. Aquí la gente tiene que currar, si llego antes, antes estoy currando....
—Precisamente, Manolo. La cultura empieza en los gestos que nadie ve. Si en algo tan simple como dónde aparcas ya eres egoísta… imagínate en algo complejo como repartir el presupuesto o priorizar features.
Silencio.
—Además —añado—, tú siempre hablas de “liderar con el ejemplo”, pero vienes conduciendo como Vin Diesel y aparcando como si el parking fuese solo para ti.
Aquí se ríe. Por fin.
—En Japón lo entienden desde hace generaciones, Manolo. No lo inventé yo. Lo explica muy bien el sociólogo Takeo Doi.
El omoiyari es la base de la cooperación social sostenida. Si la cultura tiene cimientos, empieza ahí.
Y entonces pasa LA ESCENA. Se abre el ascensor. Sale Laura, embarazada de siete meses, resoplando.
—Uf… he tenido que dejar el coche en el quinto sótano. No quedaba sitio arriba y solo hay ascensor desde el tercer sotano.
Manolo la mira. Luego me mira a mí. Y ahí, por primera vez en meses, veo la bombilla de Manolo encenderse...
Esa bombilla que siempre llega tarde, pero cuando llega, ilumina.
Porqué el tiene esa capacidad, su bombilla puede iluminar una calle entera... cuando quiere...
—Mañana aparco lejos.
—Eso es liderazgo, Manolo. No tus charlas sobre “cultura”. No tus frases de LinkedIn con fotos de amaneceres o los powerpoints llenos de BS corporativo. Esto si, lo otro no.
Un gesto pequeño. Invisible. Pero que cambia la dinámica de un equipo más que cualquier OKR mal redactado.
> La cultura de una empresa no se mide por los valores en la pared. Se mide por quién deja libre la plaza cercana cuando llega el primero.
Esta vez Manolo me ha emocionado... no siempre pasa, pero cuando pasa, recuerdo porque escribo esta Newsletter, y me da energía para diez números más.
Gracias por leerme, que tengas buen martes.
