Lunes, 09:05. Manolo entra en el despacho con esa mezcla de fe y cafeína que ya conozco. Ahora se ha comprado un molinillo de muelas planas que dice que le va mejor al café poco tostado. Cada café necesita sus muelas para sacar su mejor versión, y Manolo me suele necesitar a mi para sacar la suya.
Viene con su nuevo SLIMBOOK bajo el brazo y cara de quien ha descubierto la fórmula para perder peso comiendo golosinas.
—José —dice—, olvídate del palo de hockey. He encontrado lo que realmente importa. La curva sigmoidea. He ido a una masterclass de un tío de Linkedin, y lo he visto claro....
—¿La de crecimiento, madurez y declive? ¿Te ha dado la charla alguien que nunca ha sufrido una pero vio una charla en otro sitio antes que tú, para luego montar su masterclass?
—No empieces..es más científica, ya la había visto en un artículo de Harvard Business Review hace unos meses, pero estaba acabando el puzzle diario de Linkedin y luego ya no lo encontré.
Te cuento la idea,Jose....básicamente crecemos, llegamos a la meseta y, antes del declive, lanzamos otra S encima. "Sigmoid stacking" lo he llamado, Jose.
Crecimiento infinito, pero elegante.
—Sigmo...¿Qué?
Abre el Excel. La curva tiene forma de S en horizontal, sí. Pero la suya sube, sube y… sigue subiendo. Una sucesión de milagros concatenados con formato de gráfico.
—Manolo, eso no es una curva sigmoidea.
—¿Ah, no?
—No. Es como ponerle un palito al cero...sorpresa...ya no es un cero.
Le hablo de Geoffrey West, el físico de Scale , el del Santa Fe Institute. Que las empresas se comportan más como organismos biológicos que como máquinas: crecen, se estabilizan y mueren. No por falta de ideas, sino porque su metabolismo interno —procesos, burocracia, inercias— se vuelve ineficiente. Intentan evitar la meseta con más crecimiento, y eso las acelera y colapsan.
Manolo me mira, se ríe con la mueca del que me va a tirar a la linea de flotación... animalet...
—Eso va contra la ley de Lindy, Jose. Si algo ha durado mucho, tiene más probabilidades de seguir durando. Cuanto más tiempo sobrevives, más tiempo esperas sobrevivir.
¡Ahí está!. Manolo usando a Taleb para justificar la negación de la entropía.
—No, Manolo —le digo—. Lindy no contradice a West. Lindy es el premio de los que rompieron su curva a tiempo. No sobrevivieron por inercia, sobrevivieron porque supieron adaptarse mil veces. IBM no es Lindy por hacer ordenadores, es Lindy porque dejó de hacerlos.
> Lindy no protege a los que duran, sino a los que aprenden.
Silencio. Manolo procesa. Bebe café a sorbos y me mira con cara de que tengo razón, es un tío listo y de gran humildad intelectual... los domingos.
Abre otra pestaña en el Excel. La llama “Adapting Strategy”. y se pone a escribir a saber qué.
—Entonces —dice—, ¿la clave es saber cuándo empezar otra curva, Jose?
—Exacto. La curva sigmoidea no es una promesa de crecimiento, es un reloj biológico. Te avisa cuando tu conocimiento deja de generar retorno. El problema es que casi nadie quiere leer la hora.
En las empresas, lo más difícil no es crecer, es soltar. Soltar procesos, productos, certezas, incluso gente. Cada nueva curva exige matar la anterior. Y eso duele.
Manolo asiente, despacio.
—Entonces… ¿la ley de Lindy no nos salvará?
—No, Manolo. Lindy no es un seguro de vida. Es la profecia autocumplida. Si llegas a viejo es porque te reinventaste mil veces, no porque naciste con suerte.
> La curva sigmoidea te dice cuándo has dejado de aprender. Lindy te premia si sigues aprendiendo. El resto es Excel.
Manolo se queda en silencio, mirando la curva. —¿Y cómo sé cuándo empieza el declive? —pregunta.
—Lee a West para entender por qué tu empresa respira como un organismo. A Meadows para ver que no gestionas números, sino dinámicas. A Boyd para aprender a girar más rápido . Y a Taleb para entender que lo que sobrevive no es lo estable, sino lo que se adapta sin romperse.
Porque al final, los que entienden la curva sigmoidea no buscan crecer eternamente. Buscan seguir aprendiendo mientras los demás se aferran al pasado.
Y ya para acabar...
La longevidad es el efecto visible de una guerra invisible contra la entropía. En tu vida personal también. No pares de aprender, no pares de equivocarte y nunca asumas que lo que haces está bien.
Lo que hoy crees correcto, mañana quizás sea tu error.
Gracias por leerme.
