Martes, 23 de diciembre. 18:42. El despacho está medio a oscuras. No porque me guste el dramatismo, sino porque ya no queda nadie en la oficina y el sistema de luces inteligentes decide por mí.
Fuera huele a vacaciones. Dentro, a cierre de año mal digerido.
Estoy revisando por quinta vez un documento que nadie leerá antes de enero cuando la puerta se abre sin llamar. Manolo entra con su portátil abierto, con café y con cara de preocupado...
La peor combinación posible.
\-Jose -dice-, llevo semanas dándole vueltas a lo que dices de sistemas vivos, aprendizaje continuo, juegos infinitos… Hace una pausa. -Y no termino de comprarlo.
Se sienta sin esperar permiso. Eso ya me dice que viene con munición.
—En las grandes empresas esto no pasa, Jose.
\-¿El qué?
\-El caos. Allí hay procesos, fechas, comités, certezas. Las cosas fluyen.
Ahí está. El mito de las grandes empresas.
Sonrío, pero con cansancio.
—Manolo… ¿sabes por qué en diciembre todo “fluye”?
\-Porque planifican bien.
\-No. Porque nadie quiere discutir antes de Nochebuena.
Silencio.
—Las grandes empresas no tienen más certezas -continúo-. Tienen más capas para esconder la incertidumbre.
Le explico despacio, porque hoy no tengo energía para ironías rápidas.
—Lo que tú llamas “flujo” es retraso estructural. Forrester lo explicó en los 60: cuanto más grande es el sistema, más tarda en reaccionar. No porque sea mejor, sino porque está anestesiado, que se lo digan a Apple...
Manolo frunce el ceño.
—Pero tienen roadmaps a tres años. -Claro. Y también tienen cementerios de roadmaps.
Le cuento algo que no suele aparecer en los PowerPoints: en las grandes empresas, los plazos no desaparecen, se negocian hasta perder significado.
Se cumple la fecha. No importa si el producto sirve. Importa que alguien pueda decir “llegamos”.
—Eso no es fluir, Manolo. Eso es inercia con mucha pasta disponible.
Cierra el portátil, señal de que la conversación va para largo.
—Entonces, ¿todo es humo?
—No. Es termodinámica organizativa.
Le explico que los sistemas grandes parecen estables porque disipan los errores lentamente. Los pequeños los sienten rápido. Por eso en una startup el fallo duele hoy, y en una corporación explota años después… cuando ya no queda nadie responsable.
Donella Meadows dice algo como : “Los sistemas complejos no fallan cuando los empujas, fallan cuando ignoras sus retardos.”
—Vale -dice Manolo-, pero yo necesito certezas para gestionar.
—No. Necesitas criterio para decidir sin ellas, Manolo.
Ahí está el punto que siempre cuesta.
—Las empresas maduras no son las que tienen más control . Son las que saben qué no pueden controlar y no se engañan al respecto.
Le pongo un ejemplo simple, de esos que no parecen teoría:
—Cuando una multinacional lanza algo “en fecha”, casi siempre es porque recortó alcance, escondió riesgos o trasladó el problema a soporte, a operaciones o al cliente. Eso no es ejecución. Es traspaso de entropía.
Manolo se ríe, pero incómodo.
—Entonces… ¿todo lo que miden es mentira? —No. Es parcial. Y lo parcial, cuando se presenta como verdad completa, es peligroso, recuerda a la fábula india de "los ciegos y el elefante".
James Carse hablaba de juegos finitos e infinitos. Las grandes empresas juegan a no perder este trimestre. El producto en tu pequeña empresa juega a seguir siendo relevante el año que viene. Confundir esos juegos es cómo se matan los buenos productos con excelentes comités.
Miro el reloj. 18:58. Mañana es nochebuena y esta conversación no la va a cerrar nadie hoy.
—¿Sabes qué pasa en diciembre, Manolo?
—¿Qué?
—Que las certezas suben porque baja el pensamiento crítico. Todo el mundo quiere cerrar el año en paz.
Se levanta despacio.
—Entonces… ¿qué hago cuando me pidan plazos “como en las grandes”?
—Dales plazos. Pero explícales que son hipótesis, no promesas. Y que el precio de fingir certezas hoy… se paga con intereses más tarde. Intenta moverte en la zona de oro, entre la realidad, lo planificado y los aprendizajes.
Zona de oro donde moverse
Antes de irse, se gira.
—Tío… al final, lo tuyo es incómodo.
—Lo sé. La comodidad es para las cenas de empresa. La supervivencia es otra cosa.
—Feliz navidad, Jose.
—Feliz navidad, Manolo, y recuerda que en 2026 tenemos que seguir jugando...
Cierra la puerta. Me quedo solo, con la luz oblicua del despacho y esa sensación tan de finales de año: que lo difícil no es gestionar sistemas complejos… sino aceptar que nadie tiene el control que dice tener.
Las grandes empresas no viven sin incertidumbre. Viven mejor escondiéndola.
Las empresas no necesitan certezas, porque no las pueden tener. Necesitan honestidad intelectual, velocidad de aprendizaje y adultos al mando.
Manolo y yo os deseamos feliz navidad.
