Sátira semanal del antimanager · Producto · Ingeniería · Gestión · Personas · Startups

RECETAS PARA MANOLO

Los martes hablo con Manolo sobre producto, ingeniería, gestión, personas y startups. A las 7 A.M.

Se sirve los martes · 7:00Todos conocemos a un ManoloDe la cocina de Jose Luis CasesEN — Read in English

Receta nº 27 · 28 de abril de 2026 · 4 min

Manolo y el billete de 50 que quemó para encender un cigarro

Manolo quemando capital político

Receta
nº 27
Manolo quemando capital político

Miércoles. 10:14. Comité de dirección. Sala acristalada, café mediocre, portátiles abiertos como escudos.

Marta, de operaciones, presenta una propuesta de reorganización del equipo de soporte. No es perfecta. Tiene un par de métricas flojas y una dependencia que no ha contemplado. Pero la dirección es buena, el equipo la respalda, y resuelve un problema real que llevamos arrastrando dos trimestres.

El CEO asiente. Finance no objeta. Producto ve encaje.

Y entonces habla Manolo.

Silencio. De los que huelen a funeral.

Marta parpadea. No porque Manolo esté equivocado —técnicamente tiene razón—, sino porque acaba de parar una propuesta que iba a aprobarse para dar una clase magistral que nadie le había pedido. Como el tío que interrumpe un brindis de boda para corregir la pronunciación del vino.

El CEO mira el reloj. Finance cierra el portátil. La propuesta de Marta se aplaza "para revisión".

Manolo sale del comité satisfecho. Ha demostrado que sabe. Ha puesto rigor donde había ambigüedad.

Le espero en el pasillo.

Se queda callado. Pero no convencido. Manolo callado y no convencido es como un volcán en pausa: sabes que va a volver.

No le gusta la metáfora. Bien.

Jeffrey Pfeffer lleva décadas enseñando esto en Stanford y lo recoge en Power: el poder organizacional no es algo que se tiene, es algo que se gestiona. Cada intervención tiene un coste y un retorno. Los que lo entienden eligen sus batallas. Los que no, mueren de mil correcciones pequeñas que nadie recuerda.

La regla es simple, Manolo. Antes de abrir la boca en un comité, pregúntate: ¿esto cambia el resultado o solo cambia lo que los demás piensan de mí? Si es lo segundo, es gasto puro. Bob Sutton, también de Stanford, lo destila en The No Asshole Rule sin llamarlo así: la corrección pública que no cambia nada solo cambia cómo te ven. Y no para mejor.

Silencio largo.

Se va. Despacio. Sin cuaderno. Sin bolígrafo caro.

Y yo me quedo pensando que Manolo probablemente llegará al próximo comité, verá otra imprecisión, y volverá a corregirla.

Porque el capital político es como la salud: solo te das cuenta de que existía cuando ya no te queda.

Gracias por leerme