Martes. 09:12. La puerta se abre con ese sigilo raro que solo trae malas noticias envueltas en educación.
Manolo entra. Está vez lleva un capuccino con florecita... no lo ha probado todavía... como la inteligencia natural... too late... ya vamos por la artificial.
Portátil abierto. Cara de angustiado.
—Jose… —dice—, la demo con el cliente grande se ha ido a la mierda.
—¿Explosión, incendio, hackeo ruso?
—No, no… nada grave. Alguien ha borrado la base de datos de staging y nos hemos quedado con esta pantallita roja que ves...
—¿Quién?
—No lo sabemos. Pero tranquilo… seguro que no fue con mala intención.
¡¡¡Ahí!!!!Justo ahí. En esa frase blanda como un flan corporativo, muere un gatito cada vez que se dice.
La Ley de Hanlon lo explica fácil:
“Nunca atribuyas a la maldad lo que puede explicarse por la estupidez.”
Y Manolo la usa como si fuera un salvoconducto moral: nadie quiso liarla, así que nadie es responsable.
Qué chiripitiflautico.
Perfecto. Entonces que nadie aprenda tampoco.
Porque aquí nadie es malo. Aquí todos son “majetes”.
El junior que borra sin backup. El senior que aprueba sin mirar. El de producto que no entiende lo que aprueba pero sonríe mucho. El manager que no pregunta para no parecer incompetente.
Y Manolo, encantado. Ambiente sano. Cero fricción. Cero criterio.
—Jose, lo importante es que nadie actuó con mala fe.
—Correcto, Manolo. Acabamos de perder a un cliente con buena fe.
La empresa moderna no la destruyen los malvados malditos. La destruye la incompetencia educada.
La gente que no sabe… pero tampoco quiere exponerse a quedar como alguien que no sabe.
Todos asienten. Nadie revisa. Nadie levanta la mano. Nadie quiere ser “el pesado”.
Y entonces el sistema entra en modo automático: errores pequeños, constantes, indoloros… hasta que un día no son indoloros.
Rita McGrath tiene un concepto interesante y es la ilusión de estabilidad: organizaciones que parecen funcionar mientras por dentro se están descomponiendo sin ruido.
Yo lo llamo directamente: política de empresa basada en no molestar.
—Jose, no vamos a señalar a nadie, que nos baja el NPS.
—No, Manolo. Ya lo sé. Aquí señalamos siempre al sistema… pero nunca a las personas que lo operan mal.
Y así la estupidez se vuelve estructural. Ya no es un fallo. Es una costumbre.
Cada error que no escuece se convierte en permiso para el siguiente. Cada “no pasa nada” es un ensayo general del desastre.
Y luego llegan los lloros:
—Jose, es que nadie pudo preverlo.
—Claro que sí, Manolo. Pero el que lo vio se calló para no quedar mal.
Frederick Brooks en The Mythical Man-Month deja entrever ( al menos a mi) que los mayores errores no nacen de la mala intención, sino de la coordinación deficiente entre gente bienintencionada.
El libro insiste en que a medida que crece el número de personas en una empresa el coste de coordinación y comunicación crece de forma no lineal y se convierte en una de las principales fuentes de problemas y retrasos.
No hacen falta traidores. Basta con una sala llena de gente amable que no quiere incomodar.
Y entonces pasa lo inevitable: nadie piensa en voz alta, nadie discute bien, nadie protege la calidad, nadie defiende el criterio.
Solo se protege el ambiente.
—Jose, aquí somos un equipo.
—Sí, Manolo. Un equipo donde nadie es culpable… hasta que el cliente se va.
Aquí es donde le cojo a Manolo..lo siento y le pongo las dos manos en sus hombros...
— Las empresas no mueren por tener conflictos, Manolo. Mueren por evitarlos.
El talento aguanta fricción. Lo que no aguanta es la mediocridad envuelta en empatía mal entendida.
—Entonces… ¿qué hacemos ahora con lo de la demo? ¿Me cargo a alguien para dar ejemplo?
—Tienes mucho peligro, Manolo... quieto parao....ya decidiste que nadie fue responsable, así que nadie va a aprender nada. Intenta que no pase más para que dentro de tres meses no volvamos a tener “otra cosa que nadie hizo con mala intención".
El aprendizaje de hoy para Manolo:
> La incompetencia sostenida es una forma lenta de maldad.
Una empresa no se hunde porque alguien quiera joderla. Se hunde porque nadie se atreve a decir “esto está mal” en voz alta.
Gracias por leerme.
