Sátira semanal del antimanager · Producto · Ingeniería · Gestión · Personas · Startups

RECETAS PARA MANOLO

Los martes hablo con Manolo sobre producto, ingeniería, gestión, personas y startups. A las 7 A.M.

Se sirve los martes · 7:00Todos conocemos a un ManoloDe la cocina de Jose Luis CasesEN — Read in English

Receta nº 10 · 9 de diciembre de 2025 · 4 min

Manolo y la ley de Hanlon

Manolo sufriendo la ley de Hanlon.

Receta
nº 10
Manolo sufriendo la ley de Hanlon.

Martes. 09:12. La puerta se abre con ese sigilo raro que solo trae malas noticias envueltas en educación.

Manolo entra. Está vez lleva un capuccino con florecita... no lo ha probado todavía... como la inteligencia natural... too late... ya vamos por la artificial.

Portátil abierto. Cara de angustiado.

¡¡¡Ahí!!!!Justo ahí. En esa frase blanda como un flan corporativo, muere un gatito cada vez que se dice.

La Ley de Hanlon lo explica fácil:

“Nunca atribuyas a la maldad lo que puede explicarse por la estupidez.”

Y Manolo la usa como si fuera un salvoconducto moral: nadie quiso liarla, así que nadie es responsable.

Qué chiripitiflautico.

Perfecto. Entonces que nadie aprenda tampoco.

Porque aquí nadie es malo. Aquí todos son “majetes”.

El junior que borra sin backup. El senior que aprueba sin mirar. El de producto que no entiende lo que aprueba pero sonríe mucho. El manager que no pregunta para no parecer incompetente.

Y Manolo, encantado. Ambiente sano. Cero fricción. Cero criterio.

La empresa moderna no la destruyen los malvados malditos. La destruye la incompetencia educada.

La gente que no sabe… pero tampoco quiere exponerse a quedar como alguien que no sabe.

Todos asienten. Nadie revisa. Nadie levanta la mano. Nadie quiere ser “el pesado”.

Y entonces el sistema entra en modo automático: errores pequeños, constantes, indoloros… hasta que un día no son indoloros.

Rita McGrath tiene un concepto interesante y es la ilusión de estabilidad: organizaciones que parecen funcionar mientras por dentro se están descomponiendo sin ruido.

Yo lo llamo directamente: política de empresa basada en no molestar.

Y así la estupidez se vuelve estructural. Ya no es un fallo. Es una costumbre.

Cada error que no escuece se convierte en permiso para el siguiente. Cada “no pasa nada” es un ensayo general del desastre.

Y luego llegan los lloros:

Frederick Brooks en The Mythical Man-Month deja entrever ( al menos a mi) que los mayores errores no nacen de la mala intención, sino de la coordinación deficiente entre gente bienintencionada.

El libro insiste en que a medida que crece el número de personas en una empresa el coste de coordinación y comunicación crece de forma no lineal y se convierte en una de las principales fuentes de problemas y retrasos.

No hacen falta traidores. Basta con una sala llena de gente amable que no quiere incomodar.

Y entonces pasa lo inevitable: nadie piensa en voz alta, nadie discute bien, nadie protege la calidad, nadie defiende el criterio.

Solo se protege el ambiente.

Aquí es donde le cojo a Manolo..lo siento y le pongo las dos manos en sus hombros...

El talento aguanta fricción. Lo que no aguanta es la mediocridad envuelta en empatía mal entendida.

El aprendizaje de hoy para Manolo:

> La incompetencia sostenida es una forma lenta de maldad.

Una empresa no se hunde porque alguien quiera joderla. Se hunde porque nadie se atreve a decir “esto está mal” en voz alta.

Gracias por leerme.