Sátira semanal del antimanager · Producto · Ingeniería · Gestión · Personas · Startups

RECETAS PARA MANOLO

Los martes hablo con Manolo sobre producto, ingeniería, gestión, personas y startups. A las 7 A.M.

Se sirve los martes · 7:00Todos conocemos a un ManoloDe la cocina de Jose Luis CasesMapa de gestiónEN — Read in English

Receta nº 48 · Publicado · 5 min

Edición del 20 de octubre de 2026

Manolo quiere hablar con el humano de tu robot

Su mejor herramienta de retención era el cansancio del cliente.

Esta receta forma parte de Producto y estrategia. Manolo descubre que un agente de IA no se cansa de pedir una baja. Confundía clientes fieles con clientes que no tenían una mañana para marcharse.

Receta
nº 48
Su mejor herramienta de retención era el cansancio del cliente.

Martes. 09:12. Manolo lleva veintisiete minutos intentando que alguien se canse.

Esta vez es él quien está sudando.

Me mira como si hubiera sugerido tirar la caja fuerte por la ventana.

Manolo vende una suscripción de informes comerciales. Para contratarla hacen falta un correo y una tarjeta. Para cancelarla hay que entrar en la cuenta, encontrar un formulario, explicar el motivo y esperar a que te contacte alguien del equipo de fidelización.

El botón de contratar es naranja y ocupa media pantalla. El de marcharse parece la nota al pie de un prospecto.

Hoy han abierto una prueba con una clienta que quiere usar su asistente de IA para gestionar la cuenta. La clienta ha autorizado la baja. El equipo ha comprobado quién es y qué ha pedido. Hasta ahí, todo bien.

El problema empieza cuando intentan convencer al asistente de que se quede.

En la pantalla, Laura, de Atención al Cliente, le ofrece tres meses a mitad de precio.

El asistente responde que su usuaria ha solicitado cancelar y que no tiene autorización para aceptar otra oferta.

Laura pregunta qué podrían mejorar.

El asistente repite la solicitud.

Laura propone una llamada.

El asistente pide confirmación escrita de la baja.

Manolo se acerca al teclado.

Manolo escribe que le gustaría hablar con una persona.

Me quedo mirando la frase.

La escena es inventada. La puerta por la que entra ya se está construyendo. El 6 de octubre, Meta y Sierra anunciaron Personal Agent Protocol, una propuesta para que los agentes personales se relacionen con empresas en nombre del usuario. Incluye identificar a quién representan y distinguir qué pueden consultar de qué pueden modificar. En aquel anuncio preveían publicar una primera especificación durante octubre. No significa que hoy cualquier asistente pueda cancelar cualquier contrato. Significa que hay empresas trabajando para que un cliente pueda mandar a alguien a hacer el trámite por él.

Y a Manolo le ha venido a hacer el trámite alguien con toda la mañana libre.

Laura deja de escribir.

Abre la ficha de la clienta. Pagó el primer mes, utilizó dos informes y dejó de entrar. Hace unas semanas empezó a buscar cómo cancelar. Hoy ha delegado la gestión.

Manolo abre su cuadro de mando. Esa cuenta aparecía en verde.

Laura gira la pantalla. Hay una petición anterior de baja, cerrada porque la clienta no respondió a la propuesta de llamada.

Manolo se queda mirando el verde. Hasta hace un minuto representaba una relación estupenda.

Por supuesto que una renovación puede significar satisfacción. También puede significar olvido, falta de tiempo o que hay que hablar con tres personas para dejar de pagar un servicio de treinta euros. Con el cargo bancario solo no distingues unas cosas de otras.

Manolo había decidido que todas significaban cariño.

El chat vuelve a sonar. El asistente sigue pidiendo la confirmación.

Laura cuenta cómo funciona su trabajo. Si resuelve una consulta en cinco minutos, bien. Si una baja no llega a completarse, mejor. A final de mes se celebra cuántos clientes han conseguido «salvar».

En otra pestaña. Con otro responsable. El éxito de un departamento esperando a convertirse en el problema del siguiente.

Laura sonríe. Lleva meses queriendo hacer esa pregunta sin perder el incentivo.

Abren juntos el recorrido de cancelación. Manolo tarda un rato en encontrarlo, aunque sabe que existe. Cuando llega al formulario, descubre que el motivo de la baja es obligatorio y que ninguna opción dice «ya no lo necesito».

Acuerdan probar un recorrido más corto. Comprobar la identidad y los permisos. Explicar cuándo termina el servicio y qué ocurre con los datos. Permitir confirmar la baja sin tener que concertar una llamada. Si el cliente quiere escuchar una oferta, que pueda hacerlo. Si no, que termine el trámite.

Laura añade algo al informe. Las bajas que no se completan dejarán de contar automáticamente como clientes recuperados. Mirarán si esas personas vuelven a usar el producto y si después reclaman un cobro.

Eso le gusta bastante menos que tener todo verde.

La pregunta útil para revisar una suscripción es incómoda. Si el cliente tuviera a alguien que recordase la renovación, comparase alternativas y se ocupase del papeleo, ¿seguiría eligiéndote?

Si la respuesta es sí, merece la pena averiguar por qué y cuidar eso. Si la respuesta es que no encontraría el botón de cancelar, hay trabajo de producto esperando detrás de tu magnífico dato de fidelidad.

Laura confirma la baja. El asistente da las gracias y cierra la conversación.

Manolo mira el chat vacío.

Antes de irnos, cambia el nombre de la columna «clientes recuperados». Escribe «bajas no completadas». El número es exactamente el mismo. Le cuesta mucho más enseñarlo.

Lo que Manolo llamaba fidelización tenía cuarenta minutos de música de espera.

Gracias por leerme.

Todos conocemos a un Manolo. A veces somos un Manolo. Cada martes uno nuevo.

Producto y estrategia

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