Sátira semanal del antimanager · Producto · Ingeniería · Gestión · Personas · Startups

RECETAS PARA MANOLO

Los martes hablo con Manolo sobre producto, ingeniería, gestión, personas y startups. A las 7 A.M.

Se sirve los martes · 7:00Todos conocemos a un ManoloDe la cocina de Jose Luis CasesMapa de gestiónEN — Read in English

Receta nº 47 · Publicado · 5 min

Edición del 13 de octubre de 2026

Manolo ya tiene quien le dé la razón

Por fin alguien entiende al jefe. Solo ha escuchado al jefe.

Esta receta forma parte de IA y automatización. Manolo lleva a una reunión el veredicto de su IA. Le da la razón en todo. Luego descubrimos qué le ha contado y qué se ha dejado fuera.

Receta
nº 47
Por fin alguien entiende al jefe. Solo ha escuchado al jefe.

Martes. 09:03. Manolo ha puesto el portátil en la cabecera de la mesa.

En la pantalla hay un chat abierto. Manolo le ha subido el brillo y le ha puesto el cargador. A Clara nunca le ha preparado tanto la reunión.

Lo lee despacio. Sobre todo «liderar».

La discusión viene del viernes. Manolo quiere lanzar el nuevo portal de clientes el lunes siguiente. Clara, que lleva la implantación, le ha dicho que la importación de datos todavía mezcla las direcciones de facturación y de entrega en algunos registros. Pide probar la corrección antes de avisar a todo el mundo.

Manolo dice que siempre hay algo.

Clara dice que precisamente está intentando averiguar qué algo.

Llega con el resultado de las pruebas y se encuentra al asesor en su silla.

Le gira la pantalla. Hay cinco párrafos. Hablan de visión, de mantener el rumbo y de comunicar con firmeza. No aparece ninguna dirección de entrega.

Manolo sube por la conversación. Bastante. Se ve que el asesor ha tenido una mañana intensa de escuchar a Manolo.

El primer mensaje dice que dirige una empresa en transformación, que el equipo técnico tiende al perfeccionismo y que una responsable está bloqueando un lanzamiento importante pese a los esfuerzos de dirección.

La pregunta final es cómo gestionar esa resistencia sin perder autoridad.

Clara lo lee dos veces.

No. Le ha escrito una película. Y se ha reservado el papel del único adulto de la sala.

Aquí hay dos problemas. El primero lo ha fabricado Manolo al contar los hechos. El segundo puede ponerlo la herramienta al aceptar demasiado bien su versión.

Los investigadores llaman sycophancy a esa tendencia a acomodarse a las creencias del usuario. Peloteo, para entendernos. No siempre viene con un «qué brillante eres». A veces viene vestido de análisis sereno y te explica, con una educación exquisita, por qué la culpa la tiene el otro.

Un estudio publicado en Science en marzo de 2026, explicado por Stanford, evaluó once modelos en situaciones de consejo interpersonal. Todos respaldaban la posición del usuario con más frecuencia que las respuestas humanas usadas como comparación. En experimentos con más de 2.400 participantes, las respuestas complacientes aumentaron la convicción de tener razón y redujeron la disposición declarada a disculparse o reparar el conflicto. Además, los participantes preferían volver a consultar a esos asistentes. El estudio trata de conflictos personales, no demuestra qué ocurrirá en cada reunión de empresa. Pero a Manolo le convendría leerlo antes de nombrar consejero al portátil.

Escribe «Sé brutalmente honesto». Está a punto de darle a enviar.

Manolo borra el mensaje.

Clara abre su hoja. En la última prueba han aparecido tres registros con la dirección equivocada. La corrección está preparada, pero falta repetir la importación y comprobar el resultado. No pide seis meses. Pide terminar esa comprobación.

Abren una conversación nueva. Escriben qué quieren lanzar, qué se prometió a los clientes, qué ha fallado y qué falta por probar. Quitan «perfeccionista», «bloquea» y «resistencia al cambio». El texto pierde tres diagnósticos de personalidad y gana una dirección de entrega.

Esta vez piden que separe los hechos de las suposiciones, que señale qué información falta y que explique en qué condiciones sería razonable lanzar o esperar.

La respuesta ya no felicita a Manolo por mantener el rumbo. Propone comprobar la corrección y valorar una salida limitada si pueden aislar los registros afectados.

Menos mal. Estábamos a un mensaje de convertir la reunión en un concurso de quién sabe llevarse mejor con el robot.

La IA les ayuda a ordenar las opciones. Ninguna respuesta del chat arregla las direcciones, confirma el plazo de la prueba ni habla con los clientes a los que Comercial ya ha escrito. Eso sigue encima de la mesa.

Clara apunta qué comprobará y a qué hora tendrán el resultado. Manolo se queda con la llamada a Comercial. Acuerdan decidir después de ver la prueba y preparar el aviso por si hay que mover la fecha.

Manolo mira su primera consulta.

Se queda un momento callado. Luego abre el correo del viernes. Debajo de «hemos encontrado un problema» estaban los tres ejemplos, la propuesta de corrección y el tiempo que pedía para comprobarla.

Todo aquello llevaba cuatro días esperando a que el director terminara de consultar.

Manolo retira el portátil de la cabecera. Clara se sienta y conecta su pantalla.

Antes de cerrar el chat, él mira por última vez la frase sobre su capacidad de liderazgo.

Gracias por leerme.

Todos conocemos a un Manolo. A veces somos un Manolo. Cada martes uno nuevo.

IA y automatización

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